Museo del Mate
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El Museo del Mate de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, ubicado en la Avenida de Mayo, es el kilómetro cero de la Ruta de la Yerba Mate Argentina. El museo se ha concebido no solo como un espacio de exhibición, sino como un centro cultural dinámico, con muestras interactivas y actividades que buscan mantener viva la tradición, atrayendo tanto a locales como a turistas que desean sumergirse en la historia de la bebida que es parte de la identidad argentina.
La exhibición permanente es un testimonio visual de la evolución del mate, desde sus orígenes hasta la actualidad, abarcando objetos de diferentes materiales, épocas y geografías.
Nada más argentino que un mate; nada que simbolice mejor nuestras costumbres, tradiciones y los sentimientos nacionales. Aún hoy en día, la costumbre de “tomar mate” representa a la Argentina, aunque su uso se haya extendido hasta el Uruguay, Paraguay, el sur del Brasil y del Perú, Bolivia, Chile y hasta en Siria.
La cultura del mate es una de las tradiciones más arraigadas en la Argentina y parte del Cono Sur, que trasciende la infusión para convertirse en rito y pilar de la identidad gaucha y rioplatense. Su origen se remonta a los pueblos guaraníes en la región que hoy ocupan Paraguay, el noreste argentino, el sur de Brasil y Uruguay. Estos pueblos fueron los primeros en descubrir y aprovechar las propiedades de la yerba mate Ilex paraguariensis. Utilizaban la hoja seca triturada para preparar una infusión que tomaban con un tallo hueco y nudoso (caña) como bombilla, atribuyéndole propiedades energizantes, medicinales y espirituales. El mate, para los guaraníes, representaba la unión, la hospitalidad y la conexión con la naturaleza. De hecho, cuando ofrecían mate, lo hacían como muestra de amistad y respeto.
La llegada de los españoles y las Misiones Jesuitas
Cuando los colonizadores españoles entraron en contacto con los guaraníes, adoptaron rápidamente el hábito de beber mate. Les sorprendió el sabor, pero sobre todo los efectos estimulantes de la yerba. Durante los siglos XVI y XVII, el mate comenzó a expandirse por el territorio del Río de la Plata y el Virreinato del Perú.
Sin embargo, su consolidación como producto de consumo masivo llegó gracias a las Misiones Jesuitas. Los jesuitas organizaron el cultivo sistemático de la yerba mate y mejoraron los procesos de secado, molienda y transporte. De esa época datan muchas de las técnicas que luego dieron origen a la producción moderna.
La yerba mate es la planta por excelencia del Paraguay
Su presencia a lo largo de la historia, desde antes de la conquista de estas tierras por españoles y portugueses, ha demostrado que esta planta es más que un alimento o una bebida estimulante para los habitantes del vasto territorio de la antigua provincia del Paraguay, tierra de los Ava Guaraní que hoy forma parte de países limítrofes, regiones vecinas que comparten la misma formación selvática del Alto Paraná, Argentina y Brasil, y donde su gente practica la misma costumbre de consumir la infusión, como ocurre en Uruguay y también en algunas partes de Bolivia y Chile.
El mate en la vida gaucha y criolla
En el siglo XIX, el mate se convirtió en compañero inseparable del gaucho.
Durante las largas jornadas en la llanura, el mate era el ritual que acompañaba el amanecer, la charla con los compañeros o el descanso al lado del fuego. Era, además, un símbolo de igualdad: el mate se compartía, sin distinciones de clase ni jerarquía.
También en los pueblos y ciudades, las familias criollas comenzaron a incorporar el mate en su rutina diaria. La costumbre se transmitió de generación en generación, hasta convertirse en parte inseparable de la identidad argentina.
La evolución del mate y sus elementos
“Mati” en quechua significa vaso o recipiente para beber. Con el tiempo, el término derivó en mate y se lo identificó con el fruto de la calabacera común (Lagenaria vulgaris), ya que esta proporcionaba todos los tipos de recipientes que formaban la vajilla de las clases pobres criollas o indígenas. En nuestro país se fue convirtiendo poco a poco en la palabra usada para designar la variedad de calabaza destinada a servir la infusión de yerba, y a la infusión misma.
El mate tradicional se preparaba originalmente con calabazas secas, pero a través de los tiempos y las costumbres, surgieron mates de muy variados materiales: de madera torneada, de algarrobo, de quebracho, de asta (hecho con uno de los cuernos de animal vacuno), de aluminio o de porcelana, pero ninguno de ellos supera en la preferencia de los “materos” al que se hace con una “calabaza”, considerado por los puristas como el único que es genuino.
Las clases más acomodadas buscaron una mayor sofisticación. Cubrían primero la boca, que es la parte más frágil del mate, con plata, y posteriormente, hicieron lo mismo con la base y pronto, hasta toda la calabaza también. Los artesanos, a partir de este propósito original, que era simplemente proteger la calabaza, crearon un lucrativo negocio donde brillaron exquisitos artesanos y plateros.
Empleando plata de la mejor calidad y con modelos típicos de cada región, los plateros siguieron las influencias de los estilos de cada época. Los del siglo dieciocho tomaron sus ideas decorativas del barroco y del rococó, creando ejemplares complicados y hasta quizá un poco recargados.
Hacia el 1800 se inspiraron en el estilo Imperio, más sobrio y estilizado en sus líneas. A medida que avanzaba el siglo diecinueve, la era industrial también influyó en el arte de los plateros que, aunque trataron de crear piezas originales, dejaron decaer la calidad del trabajo.
La forja de la bombilla: Tradición y modernidad en la herramienta esencial del mate
La bombilla, que al principio era una simple caña o hueso perforado, evolucionó hasta convertirse en una pieza de metal refinada y duradera.
Es sin duda alguna una de las herramientas más emblemáticas y esenciales en la tradición del mate en la región rioplatense. A lo largo de la historia, esta pequeña pieza de metal ha evolucionado, adaptándose a las necesidades y tendencias de cada época, pero sin perder su esencia y funcionalidad. Tiene sus raíces en las antiguas culturas indígenas que habitaban la región rioplatense. Estas comunidades utilizaban cañas huecas o huesos de animales para beber la infusión de yerba mate.
Con la llegada de los españoles, se introdujeron nuevos utensilios para beber mate. Uno de los primeros utilizados fue la bombilla de plata. Estas bombillas eran tubos metálicos con un extremo en forma de cuchara para filtrar el mate y permitir que solo se consumiera el líquido. Las bombillas eran elaboradas por orfebres y se consideraban un símbolo de estatus social. Su diseño se ha mantenido prácticamente inalterado a lo largo de los años: un tubo metálico con una base filtrante en un extremo y una boquilla en el otro.
A lo largo del tiempo, se fueron desarrollando diferentes tipos de bombillas para adaptarse a los gustos y preferencias de cada persona. Actualmente, existen bombillas de acero inoxidable, aluminio, bronce y otros materiales, con diferentes diseños y formas. Cada persona puede elegir la bombilla que más le guste y se adapte a sus necesidades.
La yerba mate en la cultura popular
La importancia de la yerba mate en la vida de nuestra gente está reflejada en la cultura popular, tanto en la música folclórica como en la profusa literatura que existe sobre ella, con libros técnicos que ayudan a expandir y mejorar su cultivo, otros que se ocupan de historia, economía, sociología y antropología o algunos que resumen crónicas periodísticas de época (Julián Bouvier, Rafael Barret, Liborio Justo) o libros de cuentos o de novelas ambientados en los obrajes, como “El Trueno Entre Las Hojas” e “Hijo de Hombre” de Augusto Roa Bastos, o en el paisaje de la zona yerbatera como “Follaje en los Ojos” de José María Rivarola Matto, sin dejar de mencionar otros autores regionales de la talla de Horacio Quiroga, Julio Cortázar (en Rayuela, su personaje Oliveira, que vive en París, ceba su mate con Cruz de Malta), Alfredo Varela y otros. Hasta el mismo Jorge Luis Borges, ya anciano, afirmaba: “He tomado mucho mate cuando era joven. Tomar mate, para mí, era la forma de sentirme criollo viejo”.
Hoy, el mate sigue siendo la bebida más consumida del país, incluso por encima del café. Además, su consumo se ha expandido a otros lugares del mundo, llevado por argentinos y uruguayos que lo comparten como una parte de su identidad. Tomar mate se transformó en una de las tradiciones que, como pocas, se mantiene inalterada desde hace siglos, arraigándose y expandiéndose alrededor del mundo. Tanto, que hoy por hoy en Argentina se consumen alrededor de 100 litros de mate al año por persona.
Propiedades y atributos de la yerba mate
Paraguay es el único país cuyas normas clasifican la yerba mate como alimento porque agrega a la dieta importantes cantidades de vitaminas (A, B1, B2, B3, B5, C, E y otras), minerales (P - Fósforo, Ca – Calcio, Mg – Magnesio, Fe – Hierro, K – Potasio y otros), aminoácidos y ácidos grasos; es energizante (evita la fatiga), estimulante del sistema nervioso, diurética, digestiva, adelgazante, broncodilatador y antioxidante (contiene 23 polifenoles que actúan sobre los radicales libres). Contiene una sustancia estimulante del grupo de las xantinas, llamada mateína, cuyo efecto fue descubierto en forma empírica por los pobladores originales de la región en épocas anteriores a la conquista.
La historia del mate en Argentina es la historia de un pueblo que hizo de una costumbre algo sagrado. Desde los guaraníes hasta los hogares modernos, el mate mantiene viva la esencia de lo compartido, de lo simple y de lo humano.
Más allá de modas o fronteras, sigue siendo un gesto de amistad, una pausa para conectar con otros y con uno mismo.

















































